Benito Pérez Galdós

Galdós

Fotografia del dramaturg i novel·lista Benito Pérez Galdós. Copyright imatge: hyperbole.es

  • Nom: Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canària, 1843 – Madrid,1920)
  • Àmbit: Descripció | La Guerra dels Malcontents
  • Període: Any 1884
  • Text: Un voluntario realista. Episodios Nacionales por Benito Pérez Galdós. Segunda edición. Madrid, 1884

Un extracte de Benito Pérez Galdos, una de les figures més destacades del realisme literari castellà del segle XIX, on apareix la ciutat de Manresa. El text reviu l’assalt carlista de Manresa, que va provocar que la ciutat fos la seu de la Junta Superior Provisional del Principat de Catalunya el dia 29 d’agost de 1827. Jep dels Estanys (Josep Bussoms), Pixola o el Carnisser (Narcís Abrés) i Cargol (Agustí Saperes) eren personatges carlistes reals. La novel·la és la dissetena dels Episodios Nacionales, i s’inscriu en la segona de les cinc sèries en què l’autor va dividir la seva obra, consistent en inserir personatges de ficció en els fets històrics ocorreguts a Espanya entre aproximadament la Guerra del Francès i la Restauració Borbònica.

Manresa tiene buena situación para una defensa. Rodéala en gran parte de su circuito el río Cardoner, y su planta es enriscada, agria y tortuosa, y pendientes sus calles. Una guarnición pundonorosa la habría defendido contra todas las bandas y somatenes que pueden eruptar las cavernas del Bruch, los bosques del Ampurdan y las grietas de la Cerdaña. Pero la guarnición, salvo la oficialidad y un puñado de soldados, sucumbió á las intrigas, no al plomo ni al fuego, y se dejó vencer por la astuta labia del padre Vinader, religioso mínimo, y del reverendo doctor don José Quinquer, domero mayor de la Colegiata. En la noche del 27 al 28 de Agosto penetraron de improviso las hordas apostólicas capitaneadas por Jep dels Estanys, Caragol y Pixola.

Al grito de ¡Viva la religión! ¡Mueran los negros! que es el grito que servia entonces para la consumación de todas las hazañas populares, fueron asaltadas muchas casas y ultrajadas multitud de personas que no eran todas liberales: la mayor parte habían incurrido en el desagrado apostólico por la tolerancia de su realismo y la suavidad de su celo religioso. La ciudad fué al punto dominada por los payeses, voluntarios realistas y guerrilleros, que unian sus berridos á los de la plebe manresana ya sobornada para dar á aquel acto de civilización todo el esplendor posible.

Los pocos soldados y los veinticinco oficiales leales se resistieron en el Ayuntamiento, dando ocasión á una refriega en la cual ambas partes se batieron valerosamente. Los leales hacían fuego desde los balcones, y los insurrectos intentaron varias veces el asalto. Dios sabe á qué extremo de encarnizamiento habrían llegado aquellos hombres, si el comandante de la plaza no hubiera mandado á los suyos que se rindieran. Todo iba bien para los frailes, admirablemente; y con pocos heridos y menos muertos poseían una situación estratégica de grandísimo precio para dominar la montaña y tener en jaque á Barcelona.

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