Manuel de Montoliu

Manuel de Montoliu i Togores. Fotografia: tarracowiki.cat

Manuel de Montoliu i Togores. Fotografia: tarracowiki.cat

  • Nom: Manuel de Montoliu i Togores (Barcelona, 1877 – 1961)
  • Àmbit: Lloc de Culte | Educació
  • Any: Any 1958
  • Text: “Memorias de infancia y adolescencia”. Capítol V: el Colegio de San Ignacio de Manresa (pp. 182-183)

Manuel de Montoliu i Togores, catedràtic, crític, historiador i també filòsof i escriptor, repassa a les seves memòries com va ser la seva escolarització al col·legi de Sant Ignasi de Manresa. Una educació fortament espartana va ajudar-lo a superar les conseqüències de d’un accident domèstic quan només tenia 13 anys en el qual la seva mà dreta va quedar greument mutilada.

Así, por ejemplo, la educación que recibimos hace ya muchos años los alumnos del antiguo Colegio de San Ignacio, de Manresa, regido por los padres jesuítas, era — naturalmente dentro del marco de la más auténtica moral cristiana— de tipo esencialmente espartano. Allí aprendimos los alumnos a hacernos fuertes contra toda suerte de incomodidades y obedientes a las exigencias de una rigurosa disciplina. Desde tener que deshacer, antes de lavarnos, la capa de hielo que en los crudos días de invierno se formaba en la jofaina, hasta el tormento de la sed y de la fatiga en las largas caminatas de nuestros paseos bajo un sol abrasador; desde la dura mortificación de los sabañones torturándonos pies y manos, hasta las carreras desaforadas, en el patio, de unos carros, inventados por un hermano coadjutor, que exigían en los que los montaban una gran pericia para no rodar en una violenta revuelta por el suelo; desde el alejamiento de nuestras familias, residentes muchas de ellas en poblaciones apartadas de Cataluña, que sólo permitía a nuestros padres hacernos tres o cuatro visitas en todo el curso, hasta el régimen alimenticio, sano y abundante, pero de una monotonía y de una austeridad cenobíticas; desde la imposición de una rígida disciplina y de un riguroso silencio casi todas las horas del día, hasta el sobresaltado despertar, a las seis de la mañana y a campanilla batiente, en el aire gélido de las camarillas, todo, todo en aquel colegio iba orientado a dar a nuestros músculos y a nuestro espíritu un temple de acero y la más estoica impasibilidad ante las incomodidades y las mortificaciones de todo género.

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